#CronicasMaternas: del fui, soy y seré

No sé quién soy.

Tengo meses avanzando a ciegas, con la sensación de caminar a tientas en la oscuridad.

No me reconozco, no soy la que era, aún no soy la que seré, pero tampoco me siento alguien. 

Avanzo día a día, solo sorteando las horas, navegando entre la rutina. Levantarse, cambiar un pañal, poner café, ir al baño, hacer el desayuno, vestir, vestirse, trabajar, preparar la comida, hacer tareas, acompañar, bañar, ofrecer de cenar, limpiar, cenar, dormir. Un día y otro y otro.

A veces cambia un poco el orden o agrego actividades, pero básicamente es eso.

A veces me pierdo recordando como era estar en escena, ensayar, dar clase, habitarme, compartir, pensar hacia afuera, sentir hacia adentro. 

Ahora está todo volteado: pienso adentro, muy adentro, varias cosas al mismo tiempo, siento hasta las pestañas, la humedad del ambiente en las sábanas, el cabello que se desprendió y descansa en mi espalda, las uñas de bebé, la hormiga que camina por mi pierna. 

Ha sido un camino difícil. Es complejo intentar explicar a otros de qué va esta pequeña gran crisis que habito (o me habita, porque ya no sé quién domina a quién), pues se muestra quieta en el exterior, pero es como un agujero profundo al interior. Como esos cenotes que hay en el caribe se dejan ver como cuevas en la superficie y bajo el agua son profundos canales que se conectan en el fondo del mar.

Hay días buenos en los que me vivo en el momento y puedo reir a carcajadas. Hay días que no, que me hace falta un poco de calor en el cuerpo para moverme. 

Pero no hay un solo día que no me pregunte, ahora qué. Quién soy, si no soy la que fui. Qué se sentirá estar bien de los líquiditos en la cabeza.

Y ya se, no tienen que decirme. Ya sé que lo que fui habita en lo que soy. Que tengo que ser algo porque una no puede dejar de ser y ya. Por eso es complejo. Porque, a veces, ni yo misma logro entender de qué va esto, dónde estoy o cuánto dura. A veces conecto con el momento, pero no logro conectar conmigo misma. No sé dónde me dejé.

Es como si hubiese cambiado de cable a wifi, o si el embarazo hubiese cambiado mi conexión de carga y el nuevo viene retrasado en la paquetería del universo. 

Volví a terapia en diciembre y estoy mejor que entonces. Tengo herramientas para atravesar los días. Ya no acampo en mis pensamientos intrusivos. Siguen llegando, si, a veces muchos, a veces pocos, pero ya soy capaz de observarlos, acompañarlos y dejarlos ir. Sin habitarlos como única realidad.

A ratos no comprendo nada. Avanzo hacia no sé dónde. Aquí voy. Estoy. Sigo.

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